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OPINIÓN: A un año de la elección, ¿en dónde está Obama?

¿Qué tendrá mayor peso en la elección del 6 de noviembre de 2012?, las encuestas o los datos económicos de Estados Unidos

Por John P. Avlon
Domingo, 06 de noviembre de 2011 a las 17:47
Obama se enfrenta a fuertes vientos en su contra, con un 40% de electores conservadores (AFP).
Obama se enfrenta a fuertes vientos en su contra, con un 40% de electores conservadores (AFP).
Lo más importante
  • John Avlon: ¿Se puede predecir las posibilidades presidenciales a través del crecimiento del PIB, desempeño de la gestión y niveles de empleo?
  • El autor asegura que Nixon y Reagan se sobrepusieron a niveles bajos de aprobación
  • Dijo que Clinton le ganó a George Bush a través de enfocarse en una pequeña recesión

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Nota del Editor: John Avlon es colaborador de CNN y columnista político para Newsweek y The Daily Beast. Es autor de “Wingnuts: How the Lunatic Fringe is Hijacking America”.

(CNN) - ¿El presidente Barack Obama compite contra el Partido Republicano o contra el PIB?

Dentro de exactamente un año -el 6 de noviembre de 2012- estaremos formados en las casillas electorales para emitir nuestros votos para el próximo presidente. ¿Qué tanto de esa decisión estará determinada por datos económicos y números de las encuestas?

Algunos de los profesionales de la política más inteligentes creen que se puede calcular las posibilidades de un presidente para ser reelegido tras mirar tan solo un par de indicadores clave –aprobación de su trabajo, desempleo y crecimiento del producto interno bruto. Reemplace las X por los datos  y obtenga el resultado de las elecciones - puro, simple, nada sentimental.

Para comprobar esta teoría, comparé la posición de Obama en este momento con las de los últimos expresidentes un año antes de la votación de reelección. Aquí los hallazgos:

No hay ningún fundamento para un exceso de confianza en los cuarteles de campaña de Obama -el hombre preside una economía históricamente mala. Pero sus cifras de popularidad podrían ser peores, y mucho puede cambiar en un año. El factor más importante es el momento de cara al día de las elecciones- y sí, el oponente cuenta.

Por ejemplo, a cerca de 1,000 días de sus mandatos, según Gallup, los presidentes Richard Nixon y Ronald Reagan tenían un deplorable nivel de aprobación del 49% -aproximadamente a un año de su derrumbe en 49 estados en la reelección 1972 y 1984, respectivamente. Competir contra George McGovern y Walter Mondale, dos candidatos débiles, sin duda colaboró a sus esfuerzos. Bill Clinton también tenía una aprobación del 49% un año antes de su victoria en 1996 sobre Bob Dole.

El 45% en el nivel de aprobación de Obama esta semana es un incremento en comparación con su promedio del tercer trimestre del 2011. Lo hace mejor que los dos presidentes de un solo mandato de la década de 1970. Gerald Ford estaba en 44% a raíz del Watergate y las desesperadas promesas de “abatamos la inflación ahora”. Jimmy Carter estaba empantanado en la crisis de los rehenes en Irán, con un nivel de aprobación por los suelos de un 32%, a pesar de una tasa de desempleo relativamente decente, de poco más del 5%.

Por lo que aquí hay una constatación de la realidad: Obama nunca ha estado cerca de aquel mínimo.

El mayor cuento con moraleja proviene del primer presidente George Bush. Estaba en su apogeo, con un 62% de aprobación, a un año de su derrota en 1992. Pero la euforia de la victoria en la primera guerra del Golfo dio paso al resentimiento por una recesión relativamente corta.

El desempleo estaba en un nivel del 7%, en 1991 -dos puntos más abajo que hoy en día. El crecimiento del PIB en el tercer trimestre de 1991 fue de 1.7%, arriba del 1.9% negativo del primer trimestre. El crecimiento del 2.5% del PIB en el tercer trimestre del 2011 luce bastante bien en comparación. Pero Clinton fue capaz de hacer una exitosa campaña contra Bush en 1992 basada en la recesión, a pesar del crecimiento del 4% del PIB ese año. A veces la discursiva queda arraigada de tal manera que no puede ser removida.

Lo tasa de desempleo más cercana a la actual  del 9% fue la del 8.5% de Reagan, en 1983 –aunque tal se redujo un 10 por ciento desde el año anterior. La tendencia fue amiga de Reagan -el crecimiento del PIB estaba en un vertiginoso 8% en el tercer trimestre de 1983, y continuó en ese ritmo a principios de 1984 - todo lo cual provocó una sensación como la del eslogan “Es de mañana en los EU”.

Entonces, ¿dónde está ubicado Obama en este corredor de presidentes? Su nivel de aprobación se encuentra en la turbia zona entre los presidentes con uno y dos mandatos, pero dada la históricamente alta tasa de desempleo, es notable que su nivel de aprobación no esté más abajo. Una explicación de este desafío a la gravedad es que el nivel de aprobación personal de Obama permanece muy alto -cerca del 70%. Sin embargo, lo hace susceptible al argumento que Mitt Romney empieza a hacer sobre el año electoral: buen tipo, buena familia, pero es el momento de ofrecerle a alguien una oportunidad para darle la vuelta a la economía.

La economía finalmente muestra algunas señales de mejora, pero no sucede lo suficientemente rápido como para añadirse de manera significativa a la confianza del consumidor. Y la continua inestabilidad económica de Europa amenaza con hacer venir abajo el rayo de esperanza existente sobre la recuperación. Mientras que se espera que el nivel de desempleo siga disminuyendo hacia el 8% o menos, es difícil imaginar el que vayamos a ver la clase de crecimiento del PIB que en 1984 impulsó a Reagan y que en 1996 lo hizo con Clinton. “Lo peor finalizó” no es el eslogan de reelección más inspirador.

Del mismo modo, el golpe reciente que se ha gozado en los niveles de aprobación del presidente Obama -del 41% al 45%- en realidad no es algo para celebrarse en la Casa Blanca. Éste se debe a tres factores que podrían desvanecerse: la reivindicación de su intervención en Libia (la política exterior es un lugar inesperadamente brillante en este gobierno); la caótica pelea entre los candidatos republicanos; y, sí, los datos económicos modestamente positivos.

Hay un viento en contra adicional al que el presidente Obama se enfrenta: 40% de los estadounidenses se describen a sí mismos como conservadores, mientras que solo el 20% se dice liberal. Las victorias aplastantes en los últimos 40 años han venido de los republicanos -Nixon y Reagan-, mientras que Bill Clinton fue el primer demócrata en ser reelegido desde Franklin D. Roosevelt y nunca superó el 50% del voto popular, en gran parte debido a las dos campañas independientes de Ross Perot.

No se necesita una bola de cristal -o página y páginas de datos- para decir que la elección presidencial de 2012 va a estar cerrada. Por cualquier medición histórica, Barack Obama es un gobernante muy vulnerable. Sin embargo, ha soportado duros vendavales económicos sin que colapse su popularidad por completo, y que tiene la ventaja comparativa de tener un conjunto de contrincantes republicanos débiles.

Pero si una semana es mucho tiempo en política (pregúntenle a Herman Cain), un año es toda una vida. Estamos en una competición electoral salvaje, y a un año de una larga noche electoral.

Las opiniones expresadas en este comentario son solamente de John Avlon.


Encuentra este artículo con: Obama, estadísticas rumbo a la presidencia de los EU, niveles de aprobación de Barack Obama
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